Conceptos como gestión, eficiencia, eficacia, evaluación y mejora continua son parte de la jerga que se utiliza en los procesos de calidad tanto en el ramo empresarial como en el ramo educativo. A nivel internacional el concepto de calidad ha generado un amplio número de elementos o factores tanto económicos y sociales que han sido la base para construir los principios, técnicas, prácticas, indicadores o criterios que permiten gestionar la calidad en sí misma.
Pareciera que una de las ideas centrales relacionadas con la calidad es garantizar el crecimiento y la competitividad de las instituciones para constituirse como organizaciones eficaces y eficientes que garanticen la mejor calidad en sus procesos, sistemas o productos que ofrecen sin importarles si se sacrifica o no el capital humano.
El mundo global en el que la humanidad se encuentra inmerso ha obligado a las instituciones a concebir la gestión de la calidad como un elemento que les garantice la excelencia en lo que hacen y les permita ser competitivos a nivel mundial. En la actualidad las empresas o instituciones educativas “se enfrentan así a importantes retos para trasladar los conceptos, los enfoques, los modelos, los sistemas y los métodos de calidad a las diferentes culturas nacionales y organizativas, esfuerzo especialmente complicado cuando se trata de empresas multinacionales con subsidiarias por todo el planeta” (Camisón, Cruz y González, 2006, pág. 6).
Es decir, tienen que aprender a gestionar sus propios procesos de calidad para localizar a otras organizaciones enfocadas en el mismo ramo con la finalidad de crear y generar redes de colaboración que les permita mantenerse vigentes y a la vanguardia en cuanto a la generación de conocimientos que los permitan estar actualizados. La concepción de la calidad se ha convertido en un factor tan importante en todos los ámbitos de la vida diaria que se ha transpolado a la industria del vestido, a la educación, al sector salud y todos los demás servicios y productos que adquirimos o recibimos.
Por todas las razones antes expuestas es que “siempre se va a exigir más y más calidad en los bienes que están en circulación dentro del mercado. Tanta es la exigencia de la calidad que dentro de las compañías se está. convirtiendo en una filosofía, ya que al ser un requisito que no debe faltar para poder competir tanto a nivel local como a nivel internacional” (Novillo, Parra, Ramón y López, 2017, pág. S/P).
En el presente artículo se busca hacer una reflexión sobre la necesidad de crear en las escuelas procesos que garanticen la calidad en todos los servicios que se ofrecen, pero desde una concepción humanizante y humanizadora para que exista la posibilidad de formarse de manera integral y se logre contribuir al desarrollo humano de todos los agentes educativos que interactúan en los diferentes espacios educativos.
Empezaremos está reflexión preguntándonos ¿desde cuándo existe el concepto de calidad?, ¿cuándo se acuño? ¿cuál ha sido su evolución a lo largo de la historia de la humanidad? Autores como (Millán, Rivera y Ramírez, 2001) hacen un repaso en la historia de la humanidad y establecen que el concepto de calidad se introdujo cuando los hombres comenzaron la fabricación de utensilios o armas estableciendo criterios previos que garantizarán la funcionalidad del producto.
De ser así, la calidad es entonces un concepto bastante antiguo que a través de los años ha servido para garantizar los mejores estándares en la producción, diseño y funcionalidad de los productos que el hombre ha desarrollado en los diferentes periodos de la historia de la humanidad.
En la edad media con la constitución de los primeros gremios artesanales aparecen algunos ejemplos de lo que hoy denominamos como calidad. En este periodo “los artesanos, en quienes se identificaba tanto el trabajo directivo como el manual, elaboraban en pequeños talleres una cantidad reducida de producto destinada a un mercado local o de tipo urbano, donde existía una estrecha relación con los consumidores, lo que les permitía elaborar un producto que se ajustaba todo lo posible a los requisitos exigidos por los mismos. (Tarí, 2000, pág. 14).
En la revolución industrial, con la aparición de máquinas y fábricas; la aplicación de la fuerza motriz en las distintas industrias, la aceleración de los medios de transporte y el desarrollo de las comunicaciones desplazaron de a poco el trabajo del hombre quien fue sustituido por las máquinas aumentando con ello la producción y reduciendo los errores humanos.
Posteriormente el uso del acero y la electricidad jugaron un papel muy importante en lo que se conoció como la industria manufacturera. La aparición de grandes maquinarias con sus respectivos operadores permitió que la producción en serie se convirtiera en una realidad desplazando a la mano de obra cualificada, impacto de manera positiva en los costos e índices de producción.
Según (Garvin, 1988), en este periodo de la historia de la humanidad se tuvo la necesidad de mejorar los procesos para producir en mayores cantidades. Surge la inspección como una parte clave para controlar especialmente aquellos productos que no cumplieran con los estándares requeridos por los clientes. El proceso de inspección se volvió un factor clave para garantizar que los productos que presentaran algún defecto por mínimo que fuera no llegaran al cliente final.
Posteriormente se presentaron la primera y segunda guerra mundiales las cuales trajeron consigo otras formas de controlar y mantener los procesos de calidad. Aparece el control estadístico de los procesos principalmente en la industria militar con el objetivo de garantizar que los productos fabricados cumplieran con el estándar de calidad necesario que garantizara las menores fallas posibles con la finalidad última de evitar la pérdida de vidas humanas.
Durante el periodo de las guerras el concepto de calidad estuvo enmarcado por la idea de hacer las cosas de la mejor manera sin importar el costo y sobre todo dentro de los tiempos previamente planeados.
Después de la segunda guerra mundial los japoneses invitaron a Edward Deming para que compartiera sus conocimientos y concepciones sobre la calidad convirtiéndose en un gurú que les mostro un enfoque diferente al que ellos conocían. Deming enseño a los japoneses a controlar las distintas etapas de los procesos para la fabricación de un producto, incluyendo acciones de corrección con el fin último de evitar fallas garantizando así la calidad del servicio o producto.
A este sistema se le conoció con el nombre de control estadístico de la calidad, el cual consiste en medir la calidad desde una “variabilidad de las características del producto. La conformidad con las especificaciones se persigue asegurando la uniformidad de los procesos, su principio fundamental, con el objeto de minimizar la variabilidad dentro de un rango aceptable” (Camisón, Cruz y González, 2006, pág. 227).
El tiempo siguió avanzando y se llegó a la época de los 70´s, para ese entonces los sistemas de calidad cambian y se logra involucrar a todos los departamentos de la empresa, así áreas como ventas, producción, compras, administración, servicios, personal, mantenimiento y el resto de los departamentos de la empresa con el objetivo de participar en la calidad de los productos y servicios que brindaban (Novillo, Parra, Ramón y López, 2017). Durante este periodo la calidad se concentra no solo en la producción sino también considera al sistema organizacional como parte del todo.
Durante esta década aparece la figura de Feigenbaum quien estableció el concepto de la calidad y aplicó en Estados Unidos el control de la calidad total (Total Quality Control). En este periodo “la calidad no tiene el significado popular de lo mejor en un sentido absoluto, sino que quiere decir lo mejor dentro del uso al que el producto se destina y su precio de venta” (Feigenbaum, 1951, pág. 9).
Historia de la calidad en la educación
Desde hace muchos años han sido muchas las instituciones educativas que han incursionado en la calidad con la intención de mejorar los procesos que se viven en las diferentes áreas que operan al interior de las mismas. Términos como productividad, rendición de cuentas, valor agregado o resultados finales son la consecuencia natural de una serie de ajustes que han implementado al interior de las organizaciones para favorecer una cultura de mejora continua.
Muchas instituciones educativas han implementado sistemas de calidad con parámetros determinados que los colocan en el ranking de los mejores tomando como base la eficiencia y eficacia de los resultados administrativos y académicos. Pero ¿cuáles han sido las concepciones de la educación de calidad a través de la historia de la humanidad? A continuación, se presentan algunos datos que trataran de responder la incógnita anterior.
Para los hindúes la educación de calidad era entendida como un proceso de perfeccionamiento de carácter liberador. Para los chinos consistía en reconocerse y aceptarse uno mismo. Para los hebreos la educación está caracterizada como un fenómeno esencialmente religioso que se produce en virtud de una serie de mecanismos específicos que poco o nada tienen que ver con los que operan en el ámbito de la formación humana. (Pernil y Vergara, 2002). Se observa que desde los inicios de la historia de las civilizaciones la educación ha servido como una herramienta para formar y perfeccionar al ser humano para convertirlo en una mejor versión de sí mismo.
Los griegos por su parte defendían la idea de que la educación debía estar garantizada por los poderes públicos. Platón afirmaba que “en cualquier tarea su inicio resulta esencial, sobre todo si se trata de un ser joven y tierno, cualquiera que sea, porque entonces es más maleable y se imprime más la imprenta con la que se pretende sellar a cada uno (...) Legislar en este terreno es difícil, pero pasarlo bajo silencio, imposible” (Platón, 1988, pág. 109).
Es decir, la educación es una tarea compleja que implica la intervención de todos los agentes que integran una comunidad educativa para que se involucren en la toma de decisiones y la generación de acciones concretas que garanticen el derecho básico y elemental de recibir una formación de calidad.
Por su parte los romanos creían que la educación consistía en “proporcionar al niño una serie de cuidados físicos y en inculcarle los hábitos morales básicos; en una segunda etapa, cuyo escenario serían las escuelas y la vida pública, se adquiría la verdadera formación de carácter moral y cultural” (Pernil y Vergara, 2002, pág. 55). Es así como surgen lo que hoy conocemos como los perfiles u objetivos de formación de los centros educativos, en los que se busca desarrollar las habilidades y destrezas de los educandos para que tengan las herramientas necesarias para vivir una vida en plenitud.
Las herencias de las culturas griegas y romanas en relación a la educación, la organización social y política conformaron estructuras de estandarización de procesos y servicios. Es necesario destacar que “a través de los procesos de intercambio y comercialización se generaban mecanismos destinados a dar garantía, confianza a las partes acerca del cumplimiento de los requerimientos” (Poveda & Cañon, 2009, pág. 16). Fue así como se garantizaba que los clientes recibieran lo que realmente esperaban y nace lo que hoy se conoce como la satisfacción del cliente y tal vez la lealtad de consumo hacia cierto producto o proveedor de bienes y servicios.
Con el paso de los siglos se llega a la edad media donde comienza a prosperar la producción intelectual gracias a quienes se dedicaban a la investigación, más tarde surgen las universidades y se origina un nuevo concepto sobre la calidad como lo manifestó San Anselmo “debe existir coordenadas espacio-temporales y culturales para que la calidad se ubique” (Vargas & Aldana, 2006, pág. 4). Dicho de otra forma, aparece la concepción del estándar de calidad en un espacio de tiempo que permite la satisfacción de los consumidores de los servicios educativos de la época.
Es necesario destacar que durante la edad media la educación asume los principios pedagógicos establecidos por la Paideia Paleocristiana, dotándola de un carácter netamente religioso en sus procesos formativos. La lengua en la que se trasmite el conocimiento es el latín y prevalecen los términos relacionados con la cultura romana y griega.
Según (Pernil y Vergara, 2002), durante el periodo de la edad media surgen las artes triviales o el mejor conocido como Trívium el cual estaba integrado por la gramática, la retórica y la dialéctica. Por otro lado, se ubicaban las enseñanzas específicas integradas en el Quadrivium conformado por la aritmética, geometría, astronomía y música. En conjunto ambas enseñanzas se denominaron como las artes liberales las cuales recogieron una parte importante del legado de las culturas antiguas.
En el siglo XVI comienza la transición entre la edad media y la edad moderna y se transforman las concepciones culturales y educativas. Surge el renacimiento la educación se democratiza y ahora los burgueses y las clases populares pueden tener acceso a la formación académica lo que contribuye a la que se universalice la educación.
El humanismo se impone como movimiento cultural, se dan las reformas religiosas que coinciden con el Barroco y surge lo que se conoce como la era de la ilustración. Los humanistas más allá de la renovación intelectual buscan reformar la vida y las costumbres de los hombres para que crezcan en sabiduría y virtudes. La ética hace su aparición y se constituye como la clave y columna vertebral del movimiento humanista.
Como se observa la preocupación por la calidad en la educación se remonta a tiempo inmemorables y con el paso del tiempo el concepto se ha ido adecuando a los diferentes contextos y periodos históricos hasta llegar a nuestros tiempos.
En la actualidad la calidad educativa se concibe como un proceso estratégico que implica hacer las cosas de manera diferente, la Escuela de Formación Técnico-Profesional George Westinghose de la ciudad de Brooklyn, New York define la calidad total de la educación como “un proceso que supone incidir en lo siguiente: cumplir y superar las expectativas del cliente, mejora continua, compartir responsabilidades con los empleados y reducir los desechos y la reelaboración” (Schargel, 1997, pág. 1).
Lo anterior, supone reconocer las fortalezas y áreas de oportunidad institucionales que permitan la generación de modelos educativos que den respuesta a las necesidades políticas, económicas, sociales, culturales y educativas del mundo global, pero en un contexto local.
Calidad en la educación en el mundo global
Hoy vivimos inmerso en un mundo globalizado que busca en teoría el desarrollo igualitario de los pueblos, pero la realidad es que eso aún es una utopía. Muchos países centran sus conceptos de calidad educativa en la estandarización global de conocimientos, habilidades y destrezas; miden y comparan resultados como si se tratará de evidenciar a los agentes educativos que participan en los procesos formativos de los estudiantes pues es una constante escuchar decir a los ministerios o secretarias de educación de las diferentes naciones que los profesores no logran que sus alumnos alcancen el nivel de aprendizaje señalado en el currículo oficial.
Lo anterior contribuye a que se piense que “las sociedades no son comunidades que compartan valores e intereses. Son estructuras sociales contradictorias surgidas de conflictos y negociaciones entre diversos actores sociales, a menudo opuestos” (Castells, 2009, pág. 38). Es decir, al querer imponer un conocimiento único se corre el riesgo de perder la identidad y la cultura de cada nación favoreciendo la desaparición de saberes, usos y costumbres propios de cada región del mundo; y limitando significativamente el desarrollo humano.
La calidad educativa según la UNESCO es “esencial para un desarrollo humano, inclusivo y sostenible promovido por sociedades del conocimiento capaces de enfrentar los desafíos del futuro con estrategias innovadoras” (UNESCO, 2014, pág. 48). Es decir, es el medio que permite que el ser humano se desarrolle de manera plena y se constituya como persona en todos los ámbitos de su vida, contribuyendo así al desarrollo de la sociedad y asegurando la trasferencia de los valores y las expresiones culturales.
Por otro lado, la educación de calidad favorece el desarrollo de las civilizaciones y en ese sentido la filosofía de Durkheim, citado por
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El mundo actual es el resultado de las interacciones y la cooperación que las distintas sociedades del mundo han generado a lo largo de la historia de la humanidad lo que ha favorecido la construcción de la realidad social, económica, política y cultural que hoy experimenta el planeta en general.
En este mundo global en el que actualmente se vive “el hombre se descubre como centro del mundo y como referencia básica a partir de la cual todo se valora y juzga. Está nueva comprensión conduce a una modificación en la imagen del mundo”. (Yanes, 2015, pág. 31).
Por ello, es necesario que los países del mundo le apuesten a una educación de calidad que contribuya al desarrollo de su población en general para que los niveles de crecimiento sean realmente significativos y todos tengan mejores oportunidades para tener una vida digna y plena.
Sin embargo, según los Indicadores de la OCDE, “las desigualdades en el acceso a la educación son el principal problema para mejorar la movilidad social y los resultados socioeconómicos de la población” (Ministerio de Educación y Formación Profesional, 2019, pág. 6). Entonces, se puede deducir que para que haya un adecuado desarrollo social es necesario invertir más en la educación.
En la agenda 2030, en su objetivo 4 llamado Educación de Calidad, busca garantizar una educación inclusiva y equitativa de calidad, así como la promoción de oportunidades para que todas las personas del planeta puedan aprender establece que, “una educación de calidad es la base para mejorar la vida de las personas y el desarrollo sostenible. Se han producido importantes avances con relación a la mejora en el acceso a la educación a todos los niveles” (Naciones Unidas, 2018, pág. 27).
Existe entonces, una conciencia mundial respecto a que el único camino para garantizar que la vida de los seres humanos mejore a niveles realmente dignos es a través de la educación, pero una educación de calidad que realmente atienda todas las esferas de formación del ser para que se logre afirmar que se imparte una educación integral y de calidad que toma como base el contexto de los ciudadanos y los dota de herramientas para cambiar o mejorar la realidad que experimentan.
En el punto 4.3 del objetivo 4 de la Agenda Global explicita que se espera que al 2030 exista la posibilidad de que hombres y mujeres tengan un acceso igualitario “a una formación técnica, profesional y superior de calidad, incluida la enseñanza universitaria” (Naciones Unidas, 2018, pág. 28). De lograrse lo anterior el mundo podría tener ciudadanos mejor preparados que hayan desarrollado las habilidades y destrezas necesarias para tener la posibilidad de acceder a oportunidades laborales o de emprendimiento que les permita disfrutar de una vida más digna y con mucho mejor nivel de desarrollo humano.
Por otro lado, está Agenda Global al 2030 busca asegurar que todas las personas que pasen por una institución educativa adquieran las herramientas necesarias para promover una sociedad basada en el desarrollo sostenible, aprendiendo acerca de los estilos de vida sostenible, la equidad e igualdad de género, promoción de la paz, respeto y valoración de la diversidad cultural como elementos indispensables para preservar la humanidad y sus distintas sociedades.
Para tener una educación de calidad es necesario que los países inviertan en la actualización de sus planes y programas, así como, en la profesionalización de sus docentes para que seleccionen a aquellos que muestren las habilidades y destrezas necesarias para desempeñar las actividades formativas de los centros educativos.
En Estados Unidos, algunos estudios han demostrado que “el nivel lingüístico de un docente, medido en razón de su vocabulario y de otras pruebas estandarizadas, incide sobre los logros académicos más que cualquier otro atributo docente mesurable” (NCTQ, 2004). Desde esta óptica, la responsabilidad de que la educación de calidad sea una realidad recae sobre los docentes, por ello es necesario invertir en su desarrollo profesional.
Cabe destacar que la discusión en algunos países del mundo respecto a la calidad y su relación con las escuelas eficaces no es algo reciente, por ejemplo, en toda la Unión Europea la calidad, eficiencia y eficacia se mide a partir de las recomendaciones de organismos como la UNESCO, OCDE, UNICEF por mencionar algunas. Lo interesante es que siguen buscando la construcción de sistemas educativos homogéneos de cara a la globalización para encontrar elementos comunes que les permitan competir con países como Estados Unidos o Japón.
Por ello, se siguen construyendo sistemas de calidad basados en el cumplimiento de indicadores o estándares que se evalúan de manera común con ejercicios sistematizados y sustentados en la verificación de resultados, normalmente siempre por parte de un equipo externo que desde su óptica y perspectiva decide si se cumplen o no. Por otro lado, estos sistemas tienden a desgastar al capital humano y pocas veces favorecen de manera equitativa el desarrollo humano de todos los agentes que participan en los mismos.
Lo preocupante hasta cierto punto, es que muchos de estos sistemas de calidad incluyen indicadores basados en aspectos meramente económicos o gerenciales con una mala adaptación a los procesos que se dan en la educación. Es por ello, que encontramos conceptos como calidad total, planeación estratégica, evaluación de 360º, control y calidad; liderazgo compartido, entre otras. Dicho de otra forma, la calidad en la educación se inició como un camino que busco el perfeccionamiento pero que adopto los criterios de las gestiones empresariales (Stephen, 1990) e intento adaptarlas a la realidad de los contextos escolares.
Es por eso que cuando se habla de procesos de calidad educativa a nivel global se incorpora instrumentalización técnica que utiliza como expresiones similares: calidad de la educación, educación de calidad, calidad de la enseñanza, calidad de la instrucción, calidad del aprendizaje, calidad del sistema educativo. Estas expresiones, concretamente los sustantivos: educación, enseñanza, instrucción, aprendizaje, sistema educativo, ¿no son acaso sinónimos? ¿con estás ambigüedaes conceptuales será posible saber qué y cómo se puede mejorar la educación? (Zurita, 1988)
En Latinoamérica la calidad en la educación es un tema que preocupa a la mayoría de los países de Latinoamérica sobre todo a partir de los años noventa donde autores como (Schmelkes, 1992) señalaban que la calidad educativa tenía una estrecha relación con los objetivos y funciones sociales de la educación.
Más tarde otros autores se referían a la calidad de la educación como un proceso totalizante de múltiples dimensiones que de ninguna manera podía ser reducido a efectos netamente observables. Por otro lado, afirmaba también que la calidad de la educación está determinada por la sociedad misma y se utilizan parámetros que forman patrones de control que permiten medir la eficiencia de los sistemas educativos
Entonces el concepto de calidad para Latinoamérica pareciera estar saturado de ambigüedades pues muchas otras definiciones reflejan variadas perspectivas sobre los individuos y el papel que desempeñan en la sociedad, además de que le otorgan diferentes dimensiones que incluyen temas como la equidad, calidad en los diseños, calidad en los procesos, calidad de los resultados, eficiencia y eficacia formativa y terminal.
En el año 2008, en la ciudad del Salvador se presentó el proyecto Metas Educativas 2021 (OEI, 2008) en el que se señalaba que la educación de calidad que se quería para las generaciones futuras debía ser no solo de calidad, sino que además debía contemplar la equidad en la educación como una estrategia para combatir la pobreza y la desigualdad social favoreciendo así la inclusión social.
Para la Organización de Estados Iberoamericanos una educación de calidad dentro de cualquier sistema educativo debe comprender las siguientes dimensiones:
“… La eficiencia, entendida como los resultados obtenidos en relación con los recursos empleados en la educación junto con los procesos, la organización y el funcionamiento de las escuelas; la eficacia, que valora el logro de los objetivos del conjunto del sistema; la equidad, dimensión fundamental de la calidad de la educación que pone el énfasis en la consecución de buenos resultados alcanzados a medio y largo plazo” (OEI, 2010, pág. 106).
Posteriormente en Buenos Aires, Argentina se presenta la Declaración Final de la Reunión Regional de ministros de Educación de América Latina y el Caribe en la que se integran los acuerdos entre los diferentes gobiernos y su perspectiva sobre las políticas educativas vigentes hasta ese momento.
Los ministros de Educación señalan que la Educación de Calidad es uno de los retos principales y uno de los grandes desafíos para todo el continente y especialmente para los países latinoamericanos y del caribe. Entre los acuerdos que se establecieron destaca el número 8 que señala que la educación de calidad hasta ese momento sigue estando en deuda con los habitantes de las distintas regiones y se comprometen a “desarrollar políticas inclusivas con miras a la mejora de la calidad y la pertinencia de la educación que incidan en todos los actores del sistema educativo” (OEI, 2017).
Cabe destacar que la preocupación de organizaciones como la UNESCO o la propia OEI por establecer criterios que garanticen la impartición de la calidad en los diferentes países del mundo no es algo totalmente nuevo. Se debe recordar que desde la publicación del Informe Delors se establecía que la educación debía basarse en cuatro pilares fundamentales que eran: aprender a conocer, aprender a hacer; aprender a vivir juntos y aprender a ser. Está mirada integral de la educación permitió conceptualizar y comprender las implicaciones del aprendizaje y las implicaciones de una educación de calidad. (Delors. et. al., 1996).
En el documento Miradas sobre la educación en Iberoamérica señala que “debe analizarse en la perspectiva de favorecer comportamientos, actitudes y prácticas que beneficien el funcionamiento de la escuela y la calidad de la enseñanza y aprendizaje” (OEI, 2017, pág. 7). Más adelante, presenta algunas experiencias de directivos de distintas instituciones educativas en Colombia, Cuba, Guatemala, entre otros países, en donde ellos asumen su responsabilidad en el aseguramiento de la calidad de los centros escolares que dirigen.
En otro sentido y en relación a la calidad de los docentes, en el documento Educación para Transformar Vidas (UNESCO, 2016) en la meta 10 se establece que es necesario que todos los docentes tengan acceso durante su proceso formativo a una educación de calidad que les permita desempeñarse con excelencia una vez que se inserten al mercado laboral. Por otro lado, señala que es necesaria la actualización y el desarrollo profesional permanente con la finalidad de asegurar condiciones y prácticas educativas de calidad.
Así mismo, señala que es necesario que los países del mundo desarrollen sistemas de evaluación para calificar el desempeño de los docentes, de sus formadores, supervisores e inspectores. Lo anterior sin dejar de lado la implementación de políticas de gestión inclusivas y equitativas que brinden las mismas oportunidades para todos en el momento de reclutar, formar, desplegar, y remunerar con la finalidad de todos tengan la misma oportunidad de desarrollarse profesionalmente y condiciones laborales dignas.
En el mismo sentido para garantizar la profesionalización de la educación la (UNESCO, 2016) destaca que es importante que los docentes desarrollen un perfil tecnológico que les permita hacer uso efectivo de los recursos digitales y diseñar espacios didácticos virtuales que impulse y mejoren la calidad en los procesos de preparación de los docentes. También señala que para que haya una práctica educativa de calidad es necesario contar con los recursos tecnológicos y didácticos necesarios, así como una infraestructura que favorezca el pleno desarrollo de la práctica educativa de los docentes con la finalidad de generar las estrategias didácticas necesarias para garantizar procesos de enseñanza y aprendizaje de calidad de los alumnos que se atienden en los diferentes niveles formativos.
En México y el mundo se aplican pruebas estandarizadas para medir los conocimientos de los estudiantes de los diferentes niveles. Estas pruebas indican “la diferenciación de los centros educativos en función del nivel socioeconómico de la población, lo que establece relaciones jerárquicas entre los estudiantes. El nivel socioeconómico de los estudiantes explica, en gran parte, los resultados en cuento a los logros” (Caro y Kárpava, 2020).
Las experiencias e interacciones que se dan entre las personas inmersas en sociedad y comunidad impactan en la eficacia y eficiencia escolar, pues afecta a las instituciones educativas y los alumnos tienen que adaptarse a los cánones que marcan y establecen los órganos educativos de cada país. Existen factores que influye en la calidad educativa como la pobreza y la desigualdad social que se viven en muchas naciones y al no existir los recursos materiales necesarios para mejorar la calidad en la educación no se cubren las necesidades y los derechos de cientos de ciudadanos que desean tener acceso a una educación de calidad.
En el sentido antes mencionado todos sabemos que la educación es un derecho inherente al ser humano, sin embargo, “el nivel de ingresos, ingreso per cápita, capacidad adquisitiva, acceso a servicios, son los indicadores fundamentales… de que grandes masas de la población no pueden vivir de acuerdo al estándar de vida propio de los países desarrollados” (Rodríguez, 2004, pág. 4) lo que contribuye a que la educación de calidad no sea tan de fácil acceso para todos.
Tal vez algún día los gobiernos del mundo puedan erradicar la pobreza del mundo y entonces se logrará que la educación de calidad sea una realidad para toda la humanidad y la civilización crezca de manera homogénea en un ambiente de igual de oportunidades.
Ahora cuando se habla de sistemas de calidad y mejoramiento en la eficiencia y eficacia operativas nos encontramos con que en muchas organizaciones escolares que actualmente prevalecen en nuestra civilización solo se centran en los resultados marcados por los estándares de las instituciones incorporantes o de organismos acreditadores que muchas veces no se contextualizan a la realidad particular de cada universidad. “La promesa de la escuela igualitaria dentro de la sociedad actual comienza a cuestionarse, a debilitarse pues se expresan algunas de sus principales limitaciones. En este marco se indica que las clases más desfavorecidas son las que tienen menos oportunidades, no sólo educativas sino de movilidad social” (Ramos, 2016, Pág. 5).
Las instituciones educativas sufren un desacoplamiento estructural en nuestras comunidades que genera importantes conflictos a niveles administrativos que influyen directamente para que no haya una buena estructura que favorezca la participación activa de todos los agentes educativos. Por otro lado, la falta de incentivos al personal académico y administrativo es otro factor que influye de manera directa en la poca participación de éstos en las acciones que buscan mejorar los procesos de calidad de la institución.
Los sistemas educativos han reducido al profesorado a simples comunicadores de saberes, conocimientos y los han despojado de su protagonismo. Los docentes han sido encadenados a la trasmisión de ciertos saberes y contenidos, “este encadenamiento de requerimientos exclusivamente escolares va entretejiendo la selectividad educativa; de tal manera que está dinámica es propia del sistema educativo y prevalece hasta alcanzar el nivel más alto de educación, que es el nivel superior”. (Ramos, 2016, pág. 27).
Pareciera ser que a la humanidad se le olvida que una sociedad educada favorecerá el desarrollo en otras áreas que son importantes para el desarrollo humano, favorece la inclusión social, promueve la igualdad y la justicia social.
La educación de calidad que se vive en una institución educativa del mundo global está sujeta a procesos que son parte de una sociedad red y como tal deberían tener el control de los procesos de producción y valor que se dan en los diferentes sectores y ámbitos. “la variedad de procesos de creación de valor: podemos afirmar que la influencia más importante en el mundo de hoy es la transformación de la mentalidad de la gente”
En nuestro país y en otras partes del mundo se sigue considerando que la educación de calidad se sustenta sobre dos principios: “el desarrollo cognitivo del educando y… en el papel que desempeña la educación en la promoción de actitudes y valores relacionados con el desarrollo afectivo y creativo del educando y la pertinencia de lo enseñado en su vida cotidiana” (Campos, 2012, pág. 10).
Desde lo antes mencionado la educación de calidad se centra en los procesos formativos que permitan al alumno desempeñarse como ser humano tanto en el área personal y laboral en su vida cotidiana. Por ello, es necesario que la calidad educativa permita reconocer las áreas de mejora y crecimiento para diseñar estrategias y procesos que permitan la solución de problemas, pero tomando en cuenta siempre el contexto para dar respuesta a las demandas de los agentes educativos. Solo siguiendo las recomendaciones y reflexiones anteriores podremos contribuir a la conformación de sistemas de calidad humanizantes y humanizadores que favorezcan el desarrollo humano de todos los implicados en los procesos educativos.
A manera de conclusión, la calidad educativa debe darle capacidad a las escuelas para que logren resultados integrales a partir de las necesidades reales de los miembros que la conforman, lo anterior implica hacer un planteamiento que permita otorgar un valor agregado más allá del solo proceso de enseñanza para dar paso a otros factores que influyen en el mejoramiento de la eficiencia y eficacia de los procesos académicos y administrativos de cualquier institución educativa. En ese sentido la eficacia escolar sería el resultado de ese valor agregado producto de los logros obtenidos. (Montimore, 1981).
Entonces el valor agregado, tendrá que dejar de hacer énfasis en el producto para dar oportunidad para que los alumnos y demás agentes educativos crezcan, pero dentro se propia realidad y contexto para que crezcan en el ámbito moral, afectivo y físico y no solo el académico. Ahora las escuelas se deben ver como espacios de socialización basada y fundada en los valores comunitarios para garantizar un adecuado desarrollo humano.
Por eso es importante que los procesos de calidad que se implementen en las escuelas independientemente del nivel deben evidenciar, la buena organización y gestión de los centros educativos debe favorecer abiertamente el desarrollo humano de las naciones. En esta visión el clima escolar que se construye con esos múltiples aspectos es el que va a posibilitar el crecimiento social de alumnos y profesores. (Beck., 1986). Lo antes mencionado, es motivo de preocupación para los planificadores y los organismos de corte internacional que siguen considerando la búsqueda y cumplimiento de indicadores como sinónimo de resultados (Schiefelbein & Tedesco, 1989).
Quizás, sea tiempo que el mundo y sus distintas organizaciones se cuestionen respecto a ¿cuáles deberían ser los objetivos esenciales que debe cumplir una institución educativa? ¿por qué y para qué se educa? ¿cuáles son los resultados reales que se esperan en los procesos formativos de directivos, docentes y alumnos? Tal vez, el día que respondamos esas interrogantes estaremos en el umbral del camino que nos guíe a una verdadera educación de calidad.
Tal vez es tiempo que las civilizaciones que conforman nuestro mundo se reagrupen y establezcan criterios que le resten poder al sistema opresor que no permite el desarrollo igualitario de la sociedad. Es necesario crear sistemas de calidad educativo que favorezcan el pleno desarrollo de la humanidad para que la igualdad social sea una realidad, para que todos seamos ciudadanos del mundo desde una globalización que brinde las mismas oportunidades a todos.
Esperemos que algún día todos los pueblos del mundo formen una sociedad global, la pobreza desaparezca del planeta y todos los problemas de la sociedad sean solo un mal recuerdo del momento en el que la humanidad aún no alcanzaba su máximo esplendor.
“Sabemos por la experiencia que las civilizaciones que han existido a lo largo de la historia de la humanidad han desaparecido por la imposibilidad de resolver las tensiones entre un sector privilegiado que arropaba a las clases dominantes y la mayoría de los sectores más pobres de la sociedad”. (Rodríguez, 2004, pág. 8.)
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